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Mostrando las entradas de octubre, 2013

Afuera es noche y llueve tanto...

Afuera es noche y llueve tanto... No, mentira, no es como en Por la vuelta, aunque sí llueve. Desde la ventana veo los charcos bailarines que reciben cientos de gotitas desde el cielo. Algunas gotas se cuelgan de los cables y tratan de hacer equilibrio, de agarrarse para no dar con sus sueños contra el asfalto mojado, pero irremediablemente caen y le dejan su lugar a otras gotas que se cuelgan igual, con el mismo miedo, con la misma esperanza, y que también se entregan luego a la fuerza de gravedad. Las hojas de la enredadera del muro del patio de la cocina parecen bares o cafeterías donde las gotas se reúnen fugazmente a conversar, a divertirse, a enamorarse, a despedirse. Saltan como un ring, las hojas, gracias al golpeteo incesante de la lluvia, como si les doliera el agua que tanto necesitan. Pero talvez sólo sea que saltan de alegría, quién sabe... En todo caso, no soy yo quien lo sabe.
Y yo aquí, seco, a salvo, viendo por la ventana el pasar de la gente, de los carros, los paragu…

Algún día lo perderé

Como algunos sabrán, soy un ciborg. Tengo un ojo ciborg y eso me convierte en un ciborg. No me parezco mucho al tipo de Tetsuo, the iron man, pero igual. Es como estar muerto: uno está o no está, pero no está en algún punto intermedio. Así, yo soy un ciborg y punto. Desde aquel accidente que tuve mientras River le ganaba a Barcelona en el Modelo por la semifinal de la Libertadores ’86, dejé de ver bien con mi ojo izquierdo. Me operaron por la catarata traumática resultante, me sacaron el cristalino y tuve que usar lente de contacto durante un tiempo. Bueno, la verdad es que tendría que haber usado el lente toda la vida, pero resulté ser un poco alérgico, no podía ni ponérmelo ni quitármelo y no soportaba tenerlo dentro de mi ojo... era como tener una piedra dentro. Así que dejé de usarlo. Muchos años después –creo que fue en el 2004– me volvieron a operar y, esa vez, me pusieron un lente intraocular. Un objeto extraño colocado quirúrgicamente dentro de mi cuerpo. O sea, un ciborg.
Y de…

¡Nos vamos al Mundial!

Aunque hubo un rato en el que parecía que todo iba a estar muy fácil, aunque hubo otro rato en el que parecía que no lo lograríamos, aunque hubo un rato en el que todo dejó de importar, ahora la espera y el sufrimiento terminaron y, con una derrota bastante intrascendente en el Nacional de Santiago (y tras una victoria por la mínima de los orientales en el clásico del Río de la Plata) nos metimos como cuartos en las eliminatorias para Brasil 2014.
Pese a estar ya ahí, no se siente lo de las veces pasadas, sobre todo lo de la primera. Ese día bajé a ver el partido en la casa del Carlitos Andrés entre cervezas, cositas de picar, gritos, emoción y todo lo demás. Mucho nerviosismo, y la cosa se puso peor después del penal que ejecutó a la perfección el malogrado Darío Silva. Para el segundo tiempo, más allá de algún susto, la impaciencia mataba más a quienes estábamos frente a la tele que a los jugadores. En una gran jugada, Aguinaga burló la marcación de un uruguayo y puso la bola en la c…

La tristeza que se le pega a uno de los sueños

Sentado frente a la computadora, muerto de cansancio y con mucho sueño, pero sin poder irme a dormir. La cama está a unos dos o tres metros de donde estoy, pero parece que estuviera en otro país, tan lejos la siento. El sonido del ventilador de mi computadora es un estruendo de turbina del espacio que me obliga a subirle un poco más de lo que quisiera al volumen de la música. Estoy descalzo y me está dando frío, me da pereza mover las manos para escribir, pero creo que lo mejor que puedo hacer es aprovechar el tiempo con este texto, ahora que la Carmenlou me tiene aquí hasta estas horas. Y cada vez más sueño, más sueño, que a ratos creo que empiezo a soñar despierto.
Hablando de soñar, la otra noche tuve un sueño entretenido, largo, en tiempo real, no como otros que suelo tener, inconexos, ridículos. Pero pese a que el sueño me gustó, me dejó un poco triste porque había un gran ambiente de tristeza todo el tiempo. No sé si es casualidad o sólo algo de lo que pasa sin que tenga relación…

The blog, so far

Se acabó septiembre y es hora de hacer un resumen de cómo me fue. La idea –o el reto, como quieran– era escribir un texto diario. Había quedado en ver si alcanzaba a llevar el ritmo de escribir un texto al día durante todo el mes, como un horizonte relativamente posible para alguien como yo. Después me puse unas excepciones, como en los casos en los que escribiría sobre la Música de los tiempos. Algunos días fallé, algunos otros lo logré con las justas. Ahora abro la página de las estadísticas y les cuento lo que encuentro.
Aquí dice que en el último mes se han visto 4.526 páginas de mi blog. Nada mal para quien estaba acostumbrado a que su blog pase absolutamente ignorado por el mundo entero, y más si se toma en cuenta que en toda la vida –o al menos desde que empezó a correr el contador de blogger (que no sé cuándo también habrá sido)– ha habido 70.990 visitantes. El día de las visitas máximas fue el 5 de septiembre, con 245. El post que tiene más visitas es ¿El mejor deportista de t…