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Mostrando las entradas de febrero, 2012

Justo que pensaba en vos, nena, caí muerto

El 16 de agosto del 2002 pude ver, por fin, a Spinetta en vivo. Tocó en el teatro de la Casa de la Cultura, un show poderoso con su trío de ese entonces -con el gigante Malosetti en bajo-. La gente le pedía Durazno sangrando y no la tocó, así como tampoco tocó Seguir viviendo sin tu amor. "No estamos en temporada de duraznos", dijo. No importó. Y no importó porque uno no tiene que pedirle nada a Spinetta. Él fue siempre de esos genios de carácter fuerte, un tipo al que se le tenía que complacer en lo que pidiera, y no porque haya sido un prepotente o se haya creído más grande que el resto, sino porque sabía la valía de su trabajo y, por eso mismo, pedía lo justo. Así la Sony tuvo que aceptar sus condiciones cuando publicó el primer disco de Spinetta y los Socios del Desierto, un rock del bueno, lleno de poder, del que sólo se hace en Argentina y que sólo él fue capaz de crear, un disco que se vendió más que bien, aunque por acá llegó demasiados años después. Por ser uno de l…