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Mostrando las entradas de diciembre, 2007

El año en que vivimos peligrosamente

Es hora de recapitular las hostias que me ha dado el mundo...
Ha sido el mejor año de mi vida, eso no me lo quita nadie, lleno de puntos altos, excitación máxima, conciertos, sobrino, amigos, dolor, campeonatos, música, toqué el Paraíso con las manos y bajé a los infiernos... y, al final, todo está casi como cuando empezó, con una que otra cana, más cicatrices en el corazón, ganas y más ganas de cerveza, necesidad de olvidar, necedad de recordar. A fines del 2006 mandé un e-mail a los panas en el que, entre otras cosas, les deseaba que los gatos (o las gatitas) que bajen de los tejados en noches frías, sean expertos en el arte de calentar; que quienes cargan con un corazón roto encuentren curitas, aunque sea temporales, en labios seductores; que los besos sean sólo besos y todo besos; que sepamos que no hay finales felices, pero no por eso debemos dejar de arriesgar; que no evitemos esos dolores del cuerpo que conllevan dolores del corazón; que sepamos cómo responder a esos guiños detr…