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Mostrando las entradas de diciembre, 2012

El día antes del fin del mundo

Mañana se acaba el mundo... O, al menos, debería acabarse. No sé si con un cataclismo universal, un súbito apagarse de nuestras vidas, un genocidio de los dioses aburridos que se hartaron de nosotros o algo parecido. Tengo todas mis esperanzas puestas en que mañana termina todo y nos veremos libres de tanta estupidez. Ya puse todas mis fichas a ganador sin haber visto siquiera la mano que me tocó.
Sólo hay que pensarlo un poco: reggaetón por todos lados, persecución desalmada a los fumadores, la navidad a un paso (con toda la idiotez masiva que conlleva y que cada año se incrementa), en el cine casi sólo pasan estupideces para niños, comedias románticas o películas de acción vacías llenas efectos y nada más, un montón de imbéciles que nos gobiernan y que creen que lo hacen bien, Star Wars se fue para Disney, en la tele hay series y más series... Creo que es suficiente. La especie humana ha demostrado su incapacidad para vivir con un mínimo de decencia y merece desaparecer. Y lo peor de…

Como dejar ir a un miembro de la familia

Como dejar ir a un miembro de la familia... Hoy vendimos el Camaro, tan viejo como yo (y hasta capaz que en mejor forma). No me acuerdo el día en que lo compramos porque yo era muy niño, pero lo tengo como parte de nuestra vida durante mucho tiempo... casi toda la vida. Tuvo años buenos, temporadas en que la gente exclamaba ¡el auto fantástico! o ¡el batimóvil! cuando nos veía pasar. En la universidad lo conocían más como el auto del Avispón Verde, por su hermoso color y su imponente figura (y el Búho decía que yo era Kato... siempre tan divertido el avechucho).

Es raro que en esta casa nos decidamos a deshacernos de las cosas, por más viejas y obsoletas que sean... Talvez sea uno de los avisos del fin del mundo.

Chau Camaro.