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Mostrando las entradas de enero, 2012

Un mundo lleno de Mafaldas

El otro día mi papá -después de haber confundido la sopa con la S.O.P.A.- se preguntó si ya a alguien en el mundo se le había ocurrido relacionar la maligna ley con Mafalda. Hoy, acosado por la desocupación, recordé la charla y busqué si Mafalda ya se había manifestado sobre las sandeces que andan haciendo el senado o lo que sea de los Estados Unidos y sus mascotas del FBI. Y sí, ya se había manifestado, y mucho, solo hay que navegar un poco y se darán cuenta.
No quiero ponerme a despotricar contra nadie, sólo voy a decir que la proliferación de sitios tipo megaupload, de almacenamiento y descarga de archivos -utilizados muchas veces (muchas más de lo que podríamos llegar a imaginarnos) para transmitir piratería- es una muestra clara de lo mal que ha resultado el devenir del plan inicial de los derechos de autor. Hay gente que se ha enriquecido hasta grados extremos gracias al trabajo creativo de alguien más, y muchas veces, las mentes creativas no ven ni la mitad de lo que sus "p…

El hombre que veía películas

Ahora que quedó atrás el 2011, es momento de presumir, como todos esos tipos que se acostaron con muchas mujeres o los que viajaron por el mundo o los que se compraron miles de cosas o los que ganaron un dineral. Hice un poquito de eso y un montón de otras cosas. Bueno, ni tanto. Lo que hice fue ver un montón de películas. Cuando empezó el año me propuse ver una película diaria (en promedio), como una especie de reto a mí mismo, como una de esas ridículas promesas de año nuevo que uno nunca cumple. Pero ya que era algo que me encanta y que me resulta absolutamente entretenido, me decidí a planteármelo y fui avanzando poco a poco. A veces veía más de una al día, a veces no veía ninguna en algunos días. Un par de veces en el año estuve incluso adelantado y después me atrasaba, me atrasaba hasta tener que dedicarme bastante y sentarme en largas jornadas delante de la tele. Y así, en esas, se me pasó el año.
Desde la primera que vi (L'illusionniste de Sylvain Chomet, la cosa más triste…

Un libro es siempre un libro

Me gusta leer. No sé desde cuando, sólo sé que me gusta. Nunca he tenido mucha dedicación para nada pero he tratado de dedicarle un buen tiempo a vivir las vidas de otros en el papel (?) Suelo ser lento para todo y la lectura no es la excepción, aunque ha habido memorables temporadas de lectura sin fin, como pasó con El Señor de los Anillos, que devoré con devoción y una impulsividad casi incontrolable. Toda mi infancia había visto los dibujos de los hermanos Hildebrandt del calendario Tolkien 1978 colgados en las paredes, llamándome para que los conozca. Muchísimo tiempo pasó hasta que me decida a leerlos -mi pretexto era que mi papá tenía el Hobbit y la trilogía en inglés-, y la proximidad del estreno de la película de Peter Jackson en el 2001 me hizo despertar. Me dije que no podía ver la película antes de leer el libro, así que empecé por el Hobbit (en inglés), seguí con La comunidad (en español, porque ese sí había en español) y el resto los leí destrozándome la vista en la compu…