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Live fast, die young

Gordon Smiley, Indianápolis 82 Casi nunca veo la IndyCar. Con suerte alcanzo a ver justo las 500 de Indianápolis, la carrera que me interesa. Este año la vi -no me acuerdo si desde el comienzo- y estuvo bastante entretenida, con todas sus alternativas, pasadas y accidentes, algún carro que se estampó contra el muro y la salida del pace car. Entrando a la última curva de la última vuelta, J.R. Hildebrand lideraba y se encaminaba a ser otro de los rookies que ganan la Indy 500 (el último es Helio Castroneves en el 2001), pero se abrió demasiado y se estrelló con la pared. La inercia le ayudó a cruzar la meta, pero en segundo lugar, detrás de Dan Wheldon, el británico que lograba su segunda victoria en el templo del automovilismo, pese a que no tenía un asiento oficial en equipo alguno. Y ayer Wheldon se mató en el óvalo de Las Vegas. Jackie Stewart luchó mucho en los 70 para que los circuitos y los monoplazas dejen de ser trampas mortales. Fue el primero que se preocupó seri...

Terrorismo antibélico informático cinematográfico...

Casualmente se me ocurrió entrar a los años en la página del Cero Latitud . No sé ni por qué lo hice, talvez quería recordar cómo se veía o comprobar quién había ganado algún premio o fijarme en algún detalle, una foto, no sé... Entro y me encuentro con el desolador panorama de una tipografía en una lengua que no entiendo, una poco acertada elección de colores para los textos misteriosos, una cara pintada como bandera, con aire maligno y una música terrible que quién sabe qué también será. ¡Terroristas!, pensé (bueno, el hackeo -o como sea- debe ser un delito, algún tipo de terrorismo informático por más inofensivo que resulte), pero al traducir el texto tipeado de derecha a izquierda, mediante una de las miles de páginas creadas para el efecto, me encontré que no es muy terrorífico lo que dicen. Traducido del traductor queda más o menos así: "Somos un batallón de seguridad para la unión Siria, una red de limpieza de la discordia. No abogamos por la guerra, abogamos po...

Cuando me toque a mí

Foto de Paulina Simon T. Hace menos de una semana estuve liberando un poco de espacio de mi computadora y encontré esta foto entre algunas que me había regalado Monstrina. Manuel Calisto sosteniendo en su mano a un gatito blanco. Inmediatamente la separé y la puse en mi carpeta de "gente con gatos" y me puse a recordar la vez que lo invitamos a la casa, con el Álex, la Menina y otros más, y comimos, bebimos, fumaron y nos divertimos mucho. Hace un par de días, unos tipos se metieron a su casa y le pegaron dos balazos en la cabeza para robarle -no conozco la versión oficial, es sólo lo que he escuchado y leído en los medios, aunque igual manejan informaciones diferentes-. Qué estupidez, que forma maldita de perder la vida, un par de imbéciles que quieren tus cosas y por eso te matan. Nada que ver con esa línea suya en Cuando me toque a mí que decía "No hay mejor muerte que la ocasionada por las pasiones, por los deseos..." El monólogo del Manuel en la pelíc...

Los mejores sueños

Hace mucho que no publico nada. Ando bastante ocupado con el trabajo, escribir sobre la comida, las salidas a comer, la película diaria, la vida en general, y he dejado un poco botado mi pobre blog. Como no tengo mucho tiempo para escribir, voy a hacer copy paste de algo que tenía escrito y que no estaba planeado para publicarse, es sobre un par de sueños que tuve, dos de los mejores de la vida. Del primero ya han de ser unos 5 o 6 años, o capaz que más. El segundo lo soñé, según dice aquí, la madrugada del 5 de diciembre del 2009.   1.- Uno de los sueños que más me ha gustado en la vida no duró mucho, pero fue buenazo. A veces me acuerdo de eso casi como si realmente lo hubiera vivido. Yo era parte de la banda de Nito Mestre y estábamos en un festival de música. No me queda claro si ya habíamos tocado o todavía no... creo que todavía no. Era al aire libre y ya empezaba a anochecer. El escenario era como un montecito, sin tarima, sólo hierba y las luces que habían puesto enc...

Excesos

Llega diciembre con toda su estupidez, con sus fiestas, con los borrachos y las sonrisas, con los toros muertos, con los buenos deseos, con las finales de campeonato y la decadencia. Excesos. Como si todo el mundo estuviera reprimido durante 11 meses y encontrara en los primeros días de diciembre la oportunidad de escapar a las fuerzas todopoderosas que no les permiten gozar de la vida todo el resto del año (sí, claro, como si no salieran de farra y de bebetiza cada fin de semana). ¿Por qué diablos esperan tanto que lleguen las fiestas de Quito, por qué cuentan los días, por qué trabajan medio tiempo, por qué se suben a las chivas, por qué pagan tanta más plata para entrar a los mismos barsuchos de cada fin de semana, con la misma gente, la misma ropa, con el mismo alcohol, pero con el añadido de unos gritos de ¡que viva Quito!, por qué tantos excesos, por qué pierden el control así? Yo también lo he hecho. También he salido a sentarme en las afueras de la plaza a quemarme...

Termina el sueño y suena el disparo

Sensaciones raras después de que ha pasado el tiempo. El concierto de Draco fue, por fin, el 20 de octubre, en otro barsucho, un poco más caro que en el primer intento . Sin pretemporada, sin saber siquiera que terminaríamos yendo hasta el mismo día de la presentación... La cola, la espera, el apachurramiento, el mal lugar que luego fue mejorando cuando logramos meternos entre la gente, junto a un tipo gigantesco que más parecía zaguero esperando un córner y que filmó todo el concierto. Al final, un mal sabor de boca que ha desaparecido un poco gracias al paso del tiempo. Y es que, en ese momento, al terminar la última canción, sentí que Draco nos quedó debiendo: debiendo tiempo, debiendo entrega, debiendo temas, debiendo una que otra palabra. Ahora siento un poco lo mismo, pero es diferente, porque ahora me acuerdo lo que tenía claro antes del concierto fallido del 27 de mayo, después del cual pensamos que ya no habría una segunda oportunidad, pero aquí estoy, escribiendo y tratand...

There is no cure for this

Tuve otro blog al que maté. Cumplió su ciclo y hace demasiados meses -todo este año- que estaba abandonado sin nada nuevo, aunque había miles de novedades maravillosas que hubieran encajado muy bien ahí. Era el de La banda sonora de lo que viví y estaba dedicado a la música. Ahí posteaba canciones con sus respectivos videos, las letras y un texto pertinente o impertinente, según como se quiera ver. No tenía muchos seguidores aunque tuvo su buen momento en el que se llenó de comentarios. Al matarlo quedaron incumplidas algunas promesas lanzadas al viento en el fragor de los grandes temas que contenía, como la de incluir un video con las imágenes de Katy Jurado llorando en Pat Garret & Billy The Kid de Sam Peckinpah, con su rostro sin desmaquillar, para La pena o la nada de Nacho Vegas -un video que me hubiera tocado hacer a mí- o la de postear el que hice de la versión lenta -esa de la banda sonora de Caballos salvajes de Piñeyro- del Algún lugar encontraré de Calamaro. No i...