A esta chica la encontré en el internet, no es la del relato. Como dije ayer, voy a relatar lo que vi en un bus una vez y que se me quedó un poco grabado en la memoria, sin que llegue a significar nada. Primero, para ponerles en situación —no sé si se dice así—, les cuento que estaba saliendo de la casa de la Carmenlou y, con bastante suerte, pasó un bus y me subí. Digo que con bastante suerte porque a esa hora (tipo ocho de la mañana) los buses suelen pasar llenos y no paran aunque les haga todas las señas del mundo. Bueno, iba yo subiendo desde Guápulo hasta el redondel del Coliseo Rumiñahui por ese camino sinuoso y lento, con adoquinado y asfalto maltratado, dando tumbos como algún tipo de títere sentado sobre la tapa del motor, cuando me fijé en un par de personas que iban también en el ya antes mencionado bus (de esos verdes, incómodos, pequeños, donde la gente va apiñada y hasta colgada de las ventanas). Esto es lo que vi: De pie, apretujada en el pasillo estrecho, flanq...