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Mostrando las entradas con la etiqueta De alguna de ellas...

La música delatora

Cuidado con lo que cargas en tu iPod Conocí a una chica hace unos años, una chica bastante guapa, alta, bonito cuerpo, que incluso había hecho un par de trabajos de modelaje. No era mucho de mi tipo pero no puedo decir que no haya sido una mujer realmente atractiva. La conocí en uno de esos trabajos momentáneos que suelo tener, de esos rápidos, poca paga, mucho trabajo y casi sin tiempo para la vida social. No nos sentábamos en computadoras contiguas, pero el típico intercambio de miradas mientras ella se aislaba del mundo y se concentraba en lo que tenía que hacer gracias a su iPod , sus sonrisas a las que yo no sabía bien cómo responder –gracias a mis incapacidades para este tipo de cosas– y alguna conversación corta en los recesos nos fueron acercando. Luego ya almorzábamos juntos y, como cualquier chico y chica que se están conociendo, hablábamos de nuestra vida. No me acuerdo cuánto habrá durado ese trabajo de digitador, pero no debe haber llegado a las dos semanas. Lo que sí...

There is no cure for this

Tuve otro blog al que maté. Cumplió su ciclo y hace demasiados meses -todo este año- que estaba abandonado sin nada nuevo, aunque había miles de novedades maravillosas que hubieran encajado muy bien ahí. Era el de La banda sonora de lo que viví y estaba dedicado a la música. Ahí posteaba canciones con sus respectivos videos, las letras y un texto pertinente o impertinente, según como se quiera ver. No tenía muchos seguidores aunque tuvo su buen momento en el que se llenó de comentarios. Al matarlo quedaron incumplidas algunas promesas lanzadas al viento en el fragor de los grandes temas que contenía, como la de incluir un video con las imágenes de Katy Jurado llorando en Pat Garret & Billy The Kid de Sam Peckinpah, con su rostro sin desmaquillar, para La pena o la nada de Nacho Vegas -un video que me hubiera tocado hacer a mí- o la de postear el que hice de la versión lenta -esa de la banda sonora de Caballos salvajes de Piñeyro- del Algún lugar encontraré de Calamaro. No i...

Dejarlas partir

Como entrar al camerino después del partido final, con la tristeza incontenible en el alma, con la camiseta de algún contrario en la mano, con una medalla de perdedor en el cuello y con demasiados goles en contra. No podía faltar la comparación futbolística porque vivir es jugar y yo quiero seguir jugando ... Es justo en ese maldito momento en que uno se da cuenta que el trabajo de toda la temporada se fue a la basura, todos los goles, todas las ilusiones, todo el sufrimiento, las remontadas, los instantes de gloria, los empates al último minuto, los pénales detenidos. El partido más importante es la final, justo el partido que se perdió... que lo digan los tipos del equipo que perdió el Super Bowl el año pasado -no me acuerdo quiénes eran, sólo sé que perdieron contra el equipo de Manning- . Ser segundo no está mal, es el subcampeón, el segundo mejor... el primero de los perdedores. Y es también en ese maldito momento, el mismo maldito momento, que uno se da cuenta que, para estar en...

Entre las curvas

Puede que haberme quedado dos vueltas más en pista sea suficiente para alcanzar la punta. Mi monoplaza surca el trazado como un tren bala sobre sus rieles, la línea perfecta, al máximo en las curvas sin perder una milésima. Salgo de la parabólica y me enfilo con al acelerador a fondo en la recta principal... Segundos interminables con el motor a mil. Me acerco al semáforo y pienso en el miedito estúpido que me ataca cada vez que paso por aquí -que se cayera el semáforo sobre mí... qué imposible-. Nuevo récord de vuelta. Se enciende una luz en el tablero, es la indicación del equipo. Una vuelta más... una vuelta más y entraré a pits para el tanqueo y el cambio de llantas. No debo fallar... no puedo fallar. Llego a la variante del Rettifilo, la chicana que alguna vez me resultó rematadamente complicada y que ahora incrementa mi confianza. Entro a 340 y salgo como a 70, pisando los pianos todo lo que mi auto rojo y el reglamento me lo permiten, y dejo atrás la vida que Ronnie Peterson ent...

Los últimos besos

El último beso que di fue rápido, tranquilo, un poco apurado, frente a la parada de la Ecovía... la despedida, con un taxi que paraba para llevársela, con el vacío de una ciudad en feriado donde nadie se acercó a nosotros para mojarnos. Bueno, el último beso fue ayer por la noche, en un sueño, pero mis sueños no importan... nunca han importado, así que mejor me limito a la vida real. El último beso hasta hoy... Pero ha habido otros últimos besos, sellos definitivos sobre historias de amor, de pasión, historias que no debían suceder, historias que no ten ían que terminar... La gran mayoría de ellos llegaron junto con mi completa seguridad de que era el último, así que iban acompañados también de la rotura del corazón, besos tristes con bonitas canciones de fondo. Al primer último beso que tuve no lo recuerdo muy bien. Creo que fue en la esquina de esa gasolinería de la 10 y Naciones Unidas, aunque puedo estar equivocado. Tengo que reconocer que no fue con la misma chica de mi primer bes...

Me necesito enamorar

Es fácil... es muy fácil. Saber lo que uno quiere simplifica las cosas para todos... Para todos excepto para mí. Aclarémoslo... Aceptémoslo... ¿Dónde diablos voy a conseguir lo que quiero? Hoy, más que nunca, tengo claros los detalles, las formas, los comportamientos, el todo... El todo de la mujer que ha de ayudarme a regir mi vida de hoy en adelante. Y por eso, por el conocimiento que tengo de lo que quisiera que fuera mi futuro, sé que me lo arruiné para siempre, porque ¿de dónde diablos voy a sacar una mujer así? ¿Existe, acaso, lo que para mí es la perfección? ¿Qué demonios me pasa? Unos pocos puntos que la definen, ayudan también a definir mi grado de estupidez: Primero, lo que El Tipo y yo fuimos descubriendo con el pasar de los años, con el pasar de las mujeres que desfilaban frente a nuestros ojos, tan lejanas, tan de pasarela europea y televisiva, tan de rompecorazones teledirijidos: flaca, alta, blanca, narizona, pelo negro, largo, lacio, ojos negros... Y LENTES... LENTES......

Lunático

Las cosas salen de los lugares menos pensados... El otro día me fui a ver La tourneuse de pages y conocí a Déborah François , la protagonista, hermosa mujer dueña de una belleza perturbadora, pese a no ser el tipo de mujer que me gusta -o talvez por eso-, y dueña también de un par de lunares en el cuello. De la película mejor no hablar, así que de una me dedico a lo que salió de la caja de Pandora que se abrió con los lunares. Fue algo totalmente imprevisto, un disparador escondido en lo recóndito del inconsciente, en la parte prohibida de la memoria... Prohibida porque es el camino directo a la bodega donde se guarda lo que no se debería volver a ver. Estoy exagerando... me gusta recordar algunas de estas cosas que alguna vez fueron letales y premeditadas minas antipersonales que dejaron enterradas ciertas chicas para volarme en pedazos después de su partida -toda mina extermina-. Con el paso del tiempo me he dado cuenta que hasta el más insufrible dolor deja de ser lo que era... qué...

Ganas de conocerla

Por primera vez en la vida sentí ganas de conocer a alguien que ya murió. Debo aceptar que muy pocas veces he sentido realmente ganas de conocer a alguien... Encontré a la mujer perfecta, cerveza en mano, voz diabólicamente angelical, bella como pocas, infeliz como muchas, una nube de humo de tabaco a su alrededor, lentes, lentes, lentes (a veces sin cristales), la pinta más deliciosa de cualquier estrella de rock en la historia, la personalidad más arroladora sbre el escenario... Pero lleva más tiempo bajo tierra del que la pasó con los vivos. ¿Qué le hubiera dicho? ¿Me hubiera podido acercar a ella? ¿Me hubiera subido a bailar sobre la tarima cada vez que ella lo pidiera? ¿Hubiera aprendido sus canciones? Si hubiera estado con un par de cervezas dentro, talvez le hubiera invitado un whisky, aunque ya me conozco y seguramente los nervios me hubieran dominado y me la hubiera quedado mirando como un enfermo, tratando de escuchar su risa para no olvidarla nunca en vez de ir en busca de s...

Ni Sibel ni Simona ni nada...

¿Se acuerdan de la chica que me llamaba por teléfono y me decía que me amaba ? Algunas veces mantuvimos conversaciones telefónicas y después pasamos al campo del chat. Ella supo cómo conseguir información sobre mí, mi nombre, mi teléfono, mi correo electrónico... Y me supo mentir. Dijo que la conocería, dijo que se iría a Chile -iba a estudiar enología, gastronomía, algo así-... desapareció por un tiempo y reapareció, dijo que se había peleado con su papá y que por eso volvió, dijo que cocinaba muy bien y que me invitaría a una cena muy especial, dijo que yo me enamoraría de ella porque era irresistible, dijo que en Barcelona una chica la acosó, dijo que me escribiría un cuento, dijo que me traicionaría muy poco, dijo que gustaba del vino y la heroína, dijo que me daría mucha más música de la que realmente me dio, dijo que le estaban empezando a gustar las chicas, dijo que estoy loco, dijo que me llevaría a vivir con ella, dijo que se llamaba Sibel, dijo que se llamaba Simona... como...

La vida se cuenta en asientos de taxis

Hubo un tiempo en que tuve a alguien. Y ella me tuvo también. ¿Se dan cuenta qué perfecto puede llegar a ser todo en esta vida? Pero, como era de esperarse, no duró... nada dura lo que debe... Ha pasado más de un año y los recuerdos están todavía claros, como si hubiera sido ayer... pero algo es diferente. Debe ser por la certeza de que no se va a repetir, esa extraña sensación de no haber luchado un poco más por lograr todo lo que quería, el haberme dejado convencer y esa estúpida capacidad de aceptar la verdad. Ella puso su cabeza en mi hombro... ¿qué más podría pedir? Lo había deseado por tanto tiempo y un día, de la nada, sorpresivamente, pasó. Su aroma se quedó en mí, la suavidad de su piel, sus besos tan apasionados... todo era para mí. Diecinueve días después, sin habernos vuelto a ver, el sueño se acabó. Y me quedé sin su cabeza en mi hombro... El tiempo me encontró después de lado a lado, saliendo con chicas, probando talentos en el desagradable pero irresistible juego de la ...

El año en que vivimos peligrosamente

Es hora de recapitular las ho stias que me ha dado el mundo ... Ha sido el mejor año de mi vida, eso no me lo quita nadie, lleno de puntos altos, excitación máxima, conciertos, sobrino, amigos, dolor, campeonatos, música, toqué el Paraíso con las manos y bajé a los infiernos... y, al final, todo está casi como cuando empezó, con una que otra cana, más cicatrices en el corazón, ganas y más ganas de cerveza, necesidad de olvidar, necedad de recordar. A fines del 2006 mandé un e-mail a los panas en el que, entre otras cosas, les deseaba que los gatos (o las gatitas) que bajen de los tejados en noches frías, sean expertos en el arte de calentar; que quienes cargan con un corazón roto encuentren curitas, aunque sea temporales, en labios seductores; que los besos sean sólo besos y todo besos; que sepamos que no hay finales felices, pero no por eso debemos dejar de arriesgar; que no evitemos esos dolores del cuerpo que conllevan dolores del corazón; que sepamos cómo responder a esos guiños d...

Sleeping with ghosts

Ayer cambié de colchón. Lo hice porque el anterior ya estaba un poco -bastante- viejo y porque quería ver si los fantasmas se iban a la basura con el colchón viejo... Timing, perfect timing... yo no lo planeé así pero resultó ser el día más apropiado de la vida para este cambio. Al final, como siempre, la realidad me da un portazo que me deja sangrando, los ojos llenos de lágrimas y sin entender nada de nada. No quiero escribir mucho hoy, no sé si tenga las fuerzas, pero al menos quiero relatar los hechos. Fui a dormir con el nuevo colchón y me di cuenta que los fantasmas no habitaban en él. Dormí abrazado a un cuerpo que alguna vez tuve a mi lado, abrazado fuertemente, con una tristeza infinita porque ella ni cuenta se dio. En el sueño me vino a visitar y me dio un beso, nada más para que no me muriera... como siempre, lo consiguió. Ella siempre consigue lo que quiere. Despertaba a cada rato sin ganas de soltarla, mientras otros fantasmas esperaban su oportunidad para recrear viejos ...

Carpe noctem...

Ese concepto de "el momento preciso" existe, y lo he constatado en la realidad. ¿Les ha pasado alguna vez que están compartiendo con una persona y sienten que es el momento indicado para algo, un beso, una confesión, una palabra, una escapada? Pasa... y si lo dejamos pasar, no se recupera jamás. El otro día fui víctima de algo así. Sentí que todo conspiraba a mi favor, a su favor. La música, el alcohol, la cercanía, los roces, las palabras, las miradas, el abotonamiento de los guantes... todo estaba de nuestro lado. Y nada pasó porque no hubo oportunidad , según ella. Tengo que reconocer que así fue. Lo que me molesta y me martiriza (sólo este instante, sé que mañana se me pasará) es que sé que los dos hubiéramos podido crear esa oportunidad, hubiéramos huído del resto, inventado un pretexto para salir y tomar esa cerveza de más, la cerveza necesaria... Ahora estoy solo frente a la computadora, con ganas de no estar aquí, pero sin otra alternativa. Maldita sea. Espero que no ...

Entre el dolor y la nada elegí el dolor

Qué mejor que remojar el dolor en alcohol. Qué dolor no tener alcohol ahorita, aunque sea en soledad... Es de noche y hace frío. Acabó de llover y puedo ver los charcos por la ventana. El sillón de las posiciones descansa a mis espaldas y parece como si me mirara, tratando de hipnotizarme para que ceda al cansancio y me acurruque entre sus cojines. Hay niebla, mucha niebla pero estoy en casa y eso me hace sentir bien... relativamente. No quiero escribir, no quiero quedarme callado. Debería ponerme a responder un e-mail aunque en este estado no sería buena idea. Presiento el comienzo del final, tengo el disco casi listo, pero hasta ese asunto me da pereza. Realmente me siento detenido por la tesis. Si bien acabo de terminar las correcciones -al menos eso creo-, se me hace cuesta arriba la defensa y todo lo demás. Duele, todo duele. Las cervezas de hoy me hubieran ayudado. Quién sabe, tal vez hubiera llorado como en esas fiestas de Quito... Hubiéramos tocado unas bonitas balad...

Desastre ecológico

Una vez una chica me dijo "mi vida es un desastre ecológico, como un derrame de petróleo en la amazonía". Yo me reí, pero lo que dijo era triste, muy triste... Bueno, no tanto. Ella era fea y eso lo hacía menos triste. A una chica fea le va peor que a una bonita. La soledad, las ganas insatisfechas y los besos a las almohadas la llevan a decir cosas como que su vida es un desastre ecológico. Una chica bonita no dice muchas cosas interesantes, sobre todo si la has escogido únicamente por ser bonita, tener un cuerpo espectacular y unos labios de tentación. A veces basta con que sepa hacer un rico desayuno por la mañana, aunque no pueda comparar su vida con un derrame de petróleo en la amazonía. A decir verdad, yo tampoco puedo. Si comparo mi vida con un desastre, digo que es el derrame de la última cerveza sobre la alfombra mientras uno está dormido. No tiene mérito alguno porque se me ocurrió después de oírla a ella. Esa chica, la fea y triste, fue la más interesante...

Las prefiero con lentes

¿Que por qué me gustan las mujeres con lentes? Pues no lo sé... sólo sé que, aunque una chica me parezca guapísima, me parecerá más guapa aun si la veo con lentes. Depende también del tipo de lentes -porque hay unos que no tienen nada que ver con nada- y del tipo de mujer -porque a algunitas ni los lentes más perfectos les salvan-; en resumen, las mujeres con lentes atrapan mi mirada, y suele pasar que no las puedo dejar de mirar. Después del caso de la parada de bus aquella vez, me sentí inmortal, bien y mal. Cuando vuelvo a verla con lentes pierdo y gano algo, pero me quedo igual, sin un “que te vaya bien” ni un beso ni nada, y seguimos nuestro camino como lo que somos, como dos extraños, aunque yo pueda dibujar su cara de memoria en la oscuridad, siempre con lentes... Yo la prefiero con lentes. Ella me prefiere lejos.

Lo malo de los sabores

Lo malo de los sabores es que se me quedan más de lo que quiero... o se me van antes de lo esperado. Hubo un sabor que, al comienzo, se me guardó en las papilas gustativas y casi podía recurrir a él -más bien debería decir a ella-, literalmente, a placer. Un poco de esfuerzo bastaba para paladear largamente el misterio de esa miel sin necesidad de volver a probarla. Después, como todo, se desvanecía y me obligaba a volver a la fuente para recargarme, cosa que no era ningún sacrificio para mí. Pero las recargas empezaban a durar cada día menos. Ahora que esa puerta se cerró para mí, sufro ataques repentinos del fantasma que dejó, entre otras cosas, el sabor. Vuelve de vez en cuando, violento y casi vengativo, con voluntad propia, a robarme la tranquilidad, a despertarme a media noche e incluso a sacarme de la dolorosa agonía de la soledad en una cama de hospital. Pese a la adicción que causó -o gracias a ello- puedo ver que la importancia de un sabor es mucho mayor de lo que ...