Cuidado con lo que cargas en tu iPod Conocí a una chica hace unos años, una chica bastante guapa, alta, bonito cuerpo, que incluso había hecho un par de trabajos de modelaje. No era mucho de mi tipo pero no puedo decir que no haya sido una mujer realmente atractiva. La conocí en uno de esos trabajos momentáneos que suelo tener, de esos rápidos, poca paga, mucho trabajo y casi sin tiempo para la vida social. No nos sentábamos en computadoras contiguas, pero el típico intercambio de miradas mientras ella se aislaba del mundo y se concentraba en lo que tenía que hacer gracias a su iPod , sus sonrisas a las que yo no sabía bien cómo responder –gracias a mis incapacidades para este tipo de cosas– y alguna conversación corta en los recesos nos fueron acercando. Luego ya almorzábamos juntos y, como cualquier chico y chica que se están conociendo, hablábamos de nuestra vida. No me acuerdo cuánto habrá durado ese trabajo de digitador, pero no debe haber llegado a las dos semanas. Lo que sí...