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Tengo que pensar que ahora soy mayor

Sensaciones olvidadas que, de un día para otro, renacen y se quedan como si nunca se hubieran ido. Como una canción que amaste y que, casi sin darte cuenta, dejaste de escucharla y la archivaste en la memoria, pero que regresa vengativa en la emisora más escondida y la escuchas justo cuando vas en un taxi. Como el boleto de lotería ganador que compraste una vez sin que te hayas molestado en chequear los resultados de ese sorteo, que espera paciente en el fondo de un cajón y sale en medio de la mudanza, llevando su número directo a la web de Lotería Nacional y te detiene el corazón -no como quisieras- al ver coincidir cada dígito. Como la salida con los amigos, justo cuando no tenías ganas de salir pero ellos molestaron tanto que acabaste accediendo, la mesa del bar y las miradas que se cruzan con la chica más guapa del lugar, quien al final de la noche te da su número para que la invites a salir. Como el regreso del gatito que creías perdido, maltrecho pero ronroneante, adolorido y mue...

Entre las curvas

Puede que haberme quedado dos vueltas más en pista sea suficiente para alcanzar la punta. Mi monoplaza surca el trazado como un tren bala sobre sus rieles, la línea perfecta, al máximo en las curvas sin perder una milésima. Salgo de la parabólica y me enfilo con al acelerador a fondo en la recta principal... Segundos interminables con el motor a mil. Me acerco al semáforo y pienso en el miedito estúpido que me ataca cada vez que paso por aquí -que se cayera el semáforo sobre mí... qué imposible-. Nuevo récord de vuelta. Se enciende una luz en el tablero, es la indicación del equipo. Una vuelta más... una vuelta más y entraré a pits para el tanqueo y el cambio de llantas. No debo fallar... no puedo fallar. Llego a la variante del Rettifilo, la chicana que alguna vez me resultó rematadamente complicada y que ahora incrementa mi confianza. Entro a 340 y salgo como a 70, pisando los pianos todo lo que mi auto rojo y el reglamento me lo permiten, y dejo atrás la vida que Ronnie Peterson ent...

El efecto iPod

Todo puede cambiar con la banda sonora indicada... El estado de ánimo, la velocidad de la caminata, la cantidad de calor o de frío, el estado de vigilia, las ganas de hacer o no hacer algo... incluso la suerte. Salgo de casa por la Sarmiento... lo de siempre en la calle y en mí. Cuando de repente, detrás de un árbol se aparece Piazzola con su Balada para un loco y la gente se borra del mundo. Camino con la sonrisa en toda la cara, respiro dejando a un lado el smog y los semáforos hasta me dan paso siempre. Te hace creer que hoy será un buen día. Pasan las horas, interminables y terribles y te encuentras a ti mismo en el asiento trasero de un taxi , regresando a casa con los audífonos puestos, escuchando la Polonaise de Shigeru Umebayashi y sintiendo a los recuerdos que te caen encima destructivos como un gol del rival en el último minuto de los suplementarios. Nada que hacer... Me subo al bus y se me acerca un niño con su macabro plan de recolectar malhabidamente algo de dinero...

El mejor dotado de los conductores suicidas

"I think it is well known that if I want someone to stay behind me and I am faster, then he stays behind me." Hoy son 27 años -27, como el número de su Ferrari, que él convirtió en leyenda y que después llevaron otros pilotos de la casa de Maranello como Alboreto, Mansell, Berger, Alesí y hasta creo que el mismo Schumacher-, 27 años de la muerte de Gilles Villeneuve, tras ese estúpido accidente en las clasificaciones de Zolder. Talvez si Pironi (su coequipero en Ferrari) no hubiera desobedecido la orden del equipo y no lo hubiera pasado peligrosamente en la última vuelta del GP de San Marino, un par de semanas antes del accidente, Gilles no hubiera salido como un desalmado a clasificar y no hubiera pasado nada. Pensándolo bien, él siempre manejaba como un desalmado... y eso le hizo ser quien es hoy. Nunca lo vi correr, sólo he visto videos viejos, pero eso basta para admirarlo y adorarlo, como buen hincha de Ferrari que soy. Un tipo de sonrisa amplia que comenzó corriendo en ...

El señor Chow

Hace un tiempo -creo que fue en el cumpleaños del Juanes-, conversando de todo un poco, el Armando me preguntó por mi top five de películas de todos los tiempos. No supe qué contestarle porque siempre me ha parecido muy complicado hacer una lista ordenada de mis películas favoritas. Lo único que supe es que dentro de ese top five definitivamente estaría 2046 de Wong Kar Wai. Sé que a mucha gente le parece una película malísima, sobre todo después de haber visto In the mood for love , pero más bien es gracias a In the mood for love que 2046 ha llegado a ser lo que es para mí. Y es que el Sr. Chow de la una no es igual al Sr. Chow de la otra, parece un personaje totalmente diferente, otro tipo, y eso me encanta... seguramente porque yo tampoco soy el mismo tipo de In the mood for love ... A veces, eso también me encanta, lo que me hace sentir bastante tranquilo, en realidad. Jugar a ser el Sr. Chow puede ser muy divertido si dejamos de lado las partes dolorosas, aunque siempre queda l...

Los últimos besos

El último beso que di fue rápido, tranquilo, un poco apurado, frente a la parada de la Ecovía... la despedida, con un taxi que paraba para llevársela, con el vacío de una ciudad en feriado donde nadie se acercó a nosotros para mojarnos. Bueno, el último beso fue ayer por la noche, en un sueño, pero mis sueños no importan... nunca han importado, así que mejor me limito a la vida real. El último beso hasta hoy... Pero ha habido otros últimos besos, sellos definitivos sobre historias de amor, de pasión, historias que no debían suceder, historias que no ten ían que terminar... La gran mayoría de ellos llegaron junto con mi completa seguridad de que era el último, así que iban acompañados también de la rotura del corazón, besos tristes con bonitas canciones de fondo. Al primer último beso que tuve no lo recuerdo muy bien. Creo que fue en la esquina de esa gasolinería de la 10 y Naciones Unidas, aunque puedo estar equivocado. Tengo que reconocer que no fue con la misma chica de mi primer bes...

Me necesito enamorar

Es fácil... es muy fácil. Saber lo que uno quiere simplifica las cosas para todos... Para todos excepto para mí. Aclarémoslo... Aceptémoslo... ¿Dónde diablos voy a conseguir lo que quiero? Hoy, más que nunca, tengo claros los detalles, las formas, los comportamientos, el todo... El todo de la mujer que ha de ayudarme a regir mi vida de hoy en adelante. Y por eso, por el conocimiento que tengo de lo que quisiera que fuera mi futuro, sé que me lo arruiné para siempre, porque ¿de dónde diablos voy a sacar una mujer así? ¿Existe, acaso, lo que para mí es la perfección? ¿Qué demonios me pasa? Unos pocos puntos que la definen, ayudan también a definir mi grado de estupidez: Primero, lo que El Tipo y yo fuimos descubriendo con el pasar de los años, con el pasar de las mujeres que desfilaban frente a nuestros ojos, tan lejanas, tan de pasarela europea y televisiva, tan de rompecorazones teledirijidos: flaca, alta, blanca, narizona, pelo negro, largo, lacio, ojos negros... Y LENTES... LENTES......