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El regalo navideño

A mi primo le regalaron una guitarra por Navidad. Su más esperado regalo es una computadora -que se ha retrasado un poco- pero la guitarra sí le gustó. Claro, tuve que intervenir en su elección porque la primera que recibió era tan mala que no tenía la cejilla de uno de los trastes y falseaba terriblemente. Por un poco más de dinero tiene una guitarra mucho mejor. "Ahora tienes que enseñarme a tocar", dijo sin saber que soy un pésimo profesor -detalle también ignorado por todos quienes me han llamado para dar clases en algún colegio alguna vez, y comprobado por quienes quisieron que yo sea su profesor de guitarra- y no pude evitar que vengan a mi cabeza las imágenes del mejor capítulo del Chavo, cuando el Chavo y el Quico tratan de aprender a guitar la tocarra con la consiguiente sacada de quicio del Rondamón y el Profesor Jirafales, respectivamente. Muy aparte de todo esto, últimamente he pensado que una guitarra es casi un arma de destrucción masiva o un súper-poder: si cae...

El año en que vivimos peligrosamente

Es hora de recapitular las ho stias que me ha dado el mundo ... Ha sido el mejor año de mi vida, eso no me lo quita nadie, lleno de puntos altos, excitación máxima, conciertos, sobrino, amigos, dolor, campeonatos, música, toqué el Paraíso con las manos y bajé a los infiernos... y, al final, todo está casi como cuando empezó, con una que otra cana, más cicatrices en el corazón, ganas y más ganas de cerveza, necesidad de olvidar, necedad de recordar. A fines del 2006 mandé un e-mail a los panas en el que, entre otras cosas, les deseaba que los gatos (o las gatitas) que bajen de los tejados en noches frías, sean expertos en el arte de calentar; que quienes cargan con un corazón roto encuentren curitas, aunque sea temporales, en labios seductores; que los besos sean sólo besos y todo besos; que sepamos que no hay finales felices, pero no por eso debemos dejar de arriesgar; que no evitemos esos dolores del cuerpo que conllevan dolores del corazón; que sepamos cómo responder a esos guiños d...

Sleeping with ghosts

Ayer cambié de colchón. Lo hice porque el anterior ya estaba un poco -bastante- viejo y porque quería ver si los fantasmas se iban a la basura con el colchón viejo... Timing, perfect timing... yo no lo planeé así pero resultó ser el día más apropiado de la vida para este cambio. Al final, como siempre, la realidad me da un portazo que me deja sangrando, los ojos llenos de lágrimas y sin entender nada de nada. No quiero escribir mucho hoy, no sé si tenga las fuerzas, pero al menos quiero relatar los hechos. Fui a dormir con el nuevo colchón y me di cuenta que los fantasmas no habitaban en él. Dormí abrazado a un cuerpo que alguna vez tuve a mi lado, abrazado fuertemente, con una tristeza infinita porque ella ni cuenta se dio. En el sueño me vino a visitar y me dio un beso, nada más para que no me muriera... como siempre, lo consiguió. Ella siempre consigue lo que quiere. Despertaba a cada rato sin ganas de soltarla, mientras otros fantasmas esperaban su oportunidad para recrear viejos ...

Una eternidad esperé este instante

(Sábado 27 de octubre de 2007. Guayaquil, Ecuador, Estadio Modelo "Alberto Spencer", 21h30, aproximadamente. Soda Stereo: Me verás volver) Todo vuelve y todo se olvida. Todo parece distinto con el primer acorde, con la primera frase. Cerati lidera con su Jackson azul, todos le seguimos. Zeta está intacto, Alberti es pura sobriedad. Una maquinita perfecta el trío: después de diez años, no ha pasado un día. El regreso de la banda que nunca se fue. Cerati grita "¡Guayaquil, carajo!" y, como una premonición maligna, yo grito que voy a ser tu mayordomo y vos harás el rol de señora fiel, o puedo ser tu violador, la imaginación, esta noche, todo lo puede ... Salto como un demente, soy un extraño, no me reconozco. No quiero pensar, sólo disfrutar, y me pongo a correr por la cancha, por las gradas, a perseguirte y es tu propia piel la que me hace mover en extremo . No hay descanso, me pega un nuevo disparo desde la memoria... la música mueve a la gente a la distancia. Salt...

Carpe noctem...

Ese concepto de "el momento preciso" existe, y lo he constatado en la realidad. ¿Les ha pasado alguna vez que están compartiendo con una persona y sienten que es el momento indicado para algo, un beso, una confesión, una palabra, una escapada? Pasa... y si lo dejamos pasar, no se recupera jamás. El otro día fui víctima de algo así. Sentí que todo conspiraba a mi favor, a su favor. La música, el alcohol, la cercanía, los roces, las palabras, las miradas, el abotonamiento de los guantes... todo estaba de nuestro lado. Y nada pasó porque no hubo oportunidad , según ella. Tengo que reconocer que así fue. Lo que me molesta y me martiriza (sólo este instante, sé que mañana se me pasará) es que sé que los dos hubiéramos podido crear esa oportunidad, hubiéramos huído del resto, inventado un pretexto para salir y tomar esa cerveza de más, la cerveza necesaria... Ahora estoy solo frente a la computadora, con ganas de no estar aquí, pero sin otra alternativa. Maldita sea. Espero que no ...

Las enfermeras de la vida real no son como las del Show de Porcel

Ya ha pasado un año... Mi última visita a un hospital (espero que sea realmente la última) fue una mezcolanza de experiencias: el dolor insoportable, las ventajas de faltar a la oficina varios días, la incomodidad de las intravenosas... y las enfermeras... Sobre el dolor podría hacer un ensayo entero. Bastará con decir que, por esos días, cargaba el terrible peso de un corazón recientemente roto, esa sombra que a uno lo persigue a todos lados, le roba la sonrisa y se antepone a cualquier sensación o sentimiento. Pero, como dijo sabiamente mi Padawan, no hay dolor del corazón que se compare al de una rodilla rota o, en mi caso, al de un intestino rebelde. De la oficina y las intravenosas tal vez hable algún otro rato, pero de las enfermeras... Cierto es que el dolor y las drogas me sacaron de la realidad, pero también es cierto que no había nada más real que esas enfermeras. Mujeres contundentes y forradas de blanco, hacían su trabajo como quien lo ha venido haciendo por siglos. Sus ca...

Pordiosera de clase media

Hace mucho tiempo le di plata a una señora que pedía una ayuda en la calle. No me acuerdo en qué calle, sólo me acuerdo que parecía una señora que se olvidó el dinero en la casa o gastó de más o que fue víctima de unos carteristas. Vestía ropa que cualquier pordiosero envidiaría. Lucía como una mujer de clase media con trabajo, auto, zapatos sin huecos, ropa limpia, perfume, la cara maquillada y el pelo peinado. Daba la impresión de estar realmente necesitada y una gran tristeza se había ya ganado los rasgos de su cara, tal vez ayudada por el orgullo que había tenido que tragarse para pedirle dinero a un extraño. Por supuesto, le di un poco de plata... Eso de haber "retaqueado" -mucho tiempo después me enteré que ese es el término moderno para pedir plata esporádicamente en la calle- me da la experiencia de saber lo que se siente recurrir a la única forma de recaudar los diez sucres que faltan para el pasaje del bus. Por algún motivo, sorteando mi eterna prosopagnosia, el ...